Fecha: 24 de agosto, 2009
Una catástrofe, tal como un terremoto, un huracán, un tornado, un fuego, una inundación o un acto violento es una experiencia aterradora, tanto para los niños como para los adultos. Cuando se discute el incidente con el niño es muy importante que se reconozcan los elementos del desastre que le causaron miedo a todos. El restarle importancia al peligro no elimina las preocupaciones del niño.
Hay varios factores que afectan la reacción del niño ante un desastre.
La manera en que el niño ve e interpreta la reacción de sus padres es muy importante. Los niños casi siempre se dan cuenta de las preocupaciones de sus padres, pero ellos se muestran particularmente sensitivos durante una crisis. Los padres deben de admitirle a sus hijos que están preocupados y a la vez deben enfatizar sus habilidades para hacerle frente a la situación.
La reacción del niño depende también de la magnitud de la destrucción y/o la muerte que él o ella vea durante y después del desastre. Si un amigo o pariente muere o resulta gravemente herido, o si la casa o la escuela sufre grandes daños, es más probable el niño experimente dificultades.
La edad del niño también afecta en su reacción al desastre. Por ejemplo, un niño de seis años puede manifestar su reacción a la catástrofe negándose a ir a la escuela, mientras que un adolescente puede restarle importancia a la tragedia, pero comienza a pelearse constantemente con sus padres o muestra un deterioro en su rendimiento escolar. Es muy importante que se explique el evento usando palabras que el niño pueda entender.
Después de una catástrofe, las personas pueden desarrollar el Trastorno de Estrés Postraumático (PTSD- Post Traumatic Stress Disorder), que es un daño psicológico que puede ser el resultado del haber experimentado, haber sido testigo o haber participado en un evento extremadamente traumático (aterrador). Los niños con este desorden tienen episodios repetitivos en los que vuelven a sufrir la experiencia traumática. Estos niños a menudo tienden a revivir el trauma repitiéndolo en sus juegos.
En los niños pequeños, los sueños desconcertados acerca del evento pueden convertirse en pesadillas de monstruos, de rescate a otros o de amenazas hacia sà mismos o hacia otros. El Trastorno de Estrés Postraumático (PTSD) raramente surge al momento del trauma. Aunque sus sÃntomas pueden comenzar poco después del evento, el desorden a menudo sale a la superficie varios meses o aún varios años más tarde.
Los padres deben de estar alerta a los siguientes cambios en el comportamiento del niño:
El Trastorno de Estrés Postraumático (PTSD) puede prevenirse o minimizarse mediante el consejo profesional o el tratamiento para los niños afectados por una catástrofe, especialmente para aquéllos que han presenciado destrucción, heridas o muerte.
Los padres que están preocupados por sus niños pueden pedirle al pediatra o al médico de familia que los refiera a un psiquiatra de niños y adolescentes.
Fuente: Academia Americana de PsiquiatrÃa de Niños y Adolescentes.

