Fecha: 16 de junio, 2009
Dado que la bulimia nerviosa tiene múltiples causas, tanto la prevención como el tratamiento deberían ser multidisciplinarios y abordar sus aspectos individuales, físicos y psicológicos así como los familiares.
Debemos prestar atención a aquellos comportamientos exagerados con relación a la alimentación: preocupación excesiva por los estereotipos de belleza, deseo exagerado de adelgazar, dietas inadecuadas, desconocimiento de los riesgos que suponen los desequilibrios en la alimentación...
Es muy importante reducir el tiempo entre la aparición de la enfermedad y su diagnóstico y tratamiento, para evitar que se haga crónica y por ello con peor pronóstico.
La frecuencia de las recaídas aconseja que se realice un tratamiento sin metas excesivas ni muy rápidas para evitar que la decepción por los fracasos agrave el problema, lo que da a la enferma la posibilidad de ir recuperando autoestima y confianza en la propia recuperación.
El tratamiento más adecuado combina la terapia de grupo con la individual; el grupo ayuda a mantener la motivación y a no desanimarse con las recaídas, pero es imprescindible un trabajo individual en el que se haga un análisis de los estímulos, sentimientos, pensamientos y experiencias que desencadenan o aparecen en los episodios de hambre voraz. Puede ser útil anotar dichos desencadenantes para buscar alternativas a los mismos, por ejemplo realizar alguna actividad o quedar con los amigos, antes de que empiece uno de dichos episodios.
Por otro lado la paciente necesita ayuda para reorganizar los hábitos alimentarios: un plan dietético concreto, los acuerdos sobre el total de calorías máximo para no subir de peso..., son útiles para ayudarla a recuperar seguridad y confianza.
En los casos más severos es necesario el internamiento sobre todo si el entorno familiar es muy conflictivo y cuando existen ideas depresivas o autodestructivas.
La terapia familiar está muy aconsejada y da muy buenos resultados favoreciendo tanto la resolución de los conflictos en las relaciones y la comunicación intra-grupo como las posibilidades de apoyo a la paciente por parte de los miembros del grupo familiar.

