Fecha: 25 de junio, 2009
El miedo a la separación. El miedo del niño a la separación y al abandono, su necesidad de seguridad insatisfecha son exigencias profundas que impregnan su conducta y vivencias y pueden repercutir de forma dramática durante decenios. Dentro de este apartado consideramos dos situaciones por separado:
1. Miedo a dormir solo (o permanecer solo en casa)
Cada vez que el niño tenga miedo por las noches deberemos ocuparnos de él (padre, madre o ambos) al día siguiente con especial intensidad. Cuando llegue el momento de ir a la cama sentarnos a su lado, contarle algo y acariciarle la frente y las cejas. Al cabo de tres a cinco minutos se relajará y dormirá tranquilamente. Este proceder es lo mismo para dos, cuatro, siete o nueve años. En cuanto a permanecer solo en casa será un aprendizaje paulatino y formará parte de su independencia.
Hay que acostumbrar a los niños a realizar siempre las mismas rutinas de conducta antes de acostarse para adquirir hábitos saludables:
2. Miedo a ir a la escuela
Sólo cuando el niño está completamente seguro de ser realmente aceptado por sus padres y de que nunca será abandonado por ellos podrá asimilar posibles temores a la separación.
También podemos hablar del miedo umbral. El impulso del niño a explorar sirve para su desarrollo mental, movilidad y además es una importante condición para su independencia. Sin embargo si hay una postura educativa dominante como “estate quieto”, “no toques”, etc, plantamos con ella una barrera que detiene el desarrollo de la personalidad del niño.
El uso exagerado de la palabra “NO” bloquea el esperanzado desarrollo de una alegre persona. Al traspasar el umbral hacia lo nuevo y desconocido muchos niños dejan de sentir el apoyo de sus padres. Tanto la sobrepreocupación de los padres como una exagerada obligatoriedad tienen consecuencias similares: desarrollar el miedo umbral, que según la fortaleza psíquica y el temperamento del niño puede reaccionar terca o agresivamente o encerrarse cada vez más.
Otro tipo de miedo muy unido a los anteriores es el miedo al rechazo. El deseo de recibir atención y reconocimiento produce a veces un tipo de conducta agresiva que no oculta sino un profundo temor al rechazo.
Muchos padres tienen dificultades para conversar abiertamente con sus hijos, para expresar enfado o alegría, angustia o afecto. Esta dificultad para la “libre expresión de las emociones” transmite a los hijos una sensación de rechazo hacia ellos.
También existe el miedo al fracaso que se manifiesta en muchas edades. Si ve en su hijo alguno de estos indicios debe examinar su postura educativa:
Para utilizar el miedo al fracaso utilizaremos estas “armas”:
a) Anime a su hijo, refuerce las opiniones positivas.
b) Examine su barómetro del estado de ánimo: tono de voz amable; ambiente familiar relajado.
c) Cuidado con los reproches duros y exigentes, amenazas y castigos. Deben ser proporcionados.
d) Evite sacar a colación a la mínima el tema “escuela” Sin presión él irá contando todo lo que quiera saber.
e) Si el niño no consigue vencer su miedo al fracaso poniendo en práctica los anteriores puntos no se avergüence de buscar asesoramiento pedagógico o psicológico.
Itziar Franco Ortiz nos habla también del miedo a la oscuridad para el cual nos detalla la siguiente serie de pautas:
Por último podemos hablar del miedo a la enfermedad. Estos miedos son muy comunes entre los 5 y 7 años aunque también en edad preescolar los niños sienten un gran temor a las heridas, ver sangre o hacerse daño. Generalmente, la actitud de los adultos, familiares, con este tipo de fobia, se transmite a los niños. Como primera norma para que nuestro hijo no desarrolle miedos infundados evitaremos todo tipo de bromas y amenazas referentes al mundo médico: “como te portes mal te pondrán una inyección”... Si el niño tiene que ser hospitalizado se recomienda a los padres una actitud serena y tranquila para que el niño tenga en quién apoyarse y sentirse seguro. Explicarle la situación desdramatizando: “te darán pastillas para que no te duela...”
Por último, debemos decir que el pánico es un trastorno común y tratable. A juicio de Kay Widdwson los niños y adolescentes sufren períodos inesperados y repetidos de intenso terror o incomodidad, acompañados de otros síntomas tales como palpitaciones rápidas y falta de aliento. Estos períodos que se presentan sin avisar, se llaman "ataques de pánico" y pueden durar desde algunos minutos hasta horas.
Los síntomas de un ataque de pánico incluyen:
Los ataques de pánico pueden interferir en las relaciones sociales, el trabajo escolar y el desarrollo normal de un niño o adolescente. Un niño puede negarse a ir a la escuela o a separarse de sus padres. Incluso el niño o el adolescente puede temer salir de casa (“agorafobia”) tratando de reducir la ansiedad, algunos adolescentes con desorden de pánico usarán el alcohol o las drogas por lo que tendremos que estar atentos a estos comportamientos y/o las compañías con las que se juntan.
BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA CON EL TEMA:
ARND STEIN: “Mi hijo tiene miedo” Plaza & Janés. Barcelona, 1988
FRANCISCO XAVIER MÉNDEZ: “Miedos y temores en la infancia”. Ayudar a los niños a superarlos. Pirámide.
FANNY JOLY: “¿Quién tiene miedo al lobo?” Anaya Infantil y Juvenil
JOSÉ OLIVARES: “El niño con miedo a hablar” Ediciones Pirámide
FANNY JOLY: “¿Quién tiene miedo a la tormenta?” Anaya Infantil y Juveni
BONIFACIO SANDÍN: “Ansiedad, miedos y fobias en niños y adolescentes” Dykinson
CHIARA CARRER: “¡Qué miedoso!”

