Fecha: 20 de febrero, 2009
En nuestras relaciones y comunicación diarias existen tres formas de responder ante situaciones que no nos agradan: pasiva, agresiva y asertivamente.
Según nuestra respuesta el entorno reaccionará en consecuencia e influirá en la educación de los niños:
En la comunicación familiar la respuesta pasiva caracteriza a los padres que son incapaces de hacer valer sus opiniones ante sus hijos. En este caso los niños mayores pueden dejar de tomarse en serio a su padre actuando según su voluntad, aunque también les puede provocar ansiedad al absorber la falta de autoconfianza de sus padres.
En la familia, serÃan aquellos padres que imponen sus normas y opiniones infravalorando los argumentos de sus hijos. Mediante esta actitud se vivirá un ambiente tenso en el hogar, los niños pequeños acataran las normas por miedo, pero a medida que vayan creciendo y surja la rebeldÃa de la adolescencia irán surgiendo los enfrentamientos. Por otro lado, es posible que el miedo que tiene el niño lo transforme en agresividad en otros contextos como en la escuela o con sus compañeros.
Un padre asertivo aún teniendo claro su rango como educador escucha y respeta los argumentos de sus hijos; explica y razona sus normas y opiniones facilitando que sus hijos, estén de acuerdo o no con ellas las entiendan y las respeten.
La actitud más saludable, adecuada y que mejores resultados obtiene es la respuesta asertiva, puesto que a través de ella se respeta uno mismo, las opiniones y también a los demás. La interacción con los hijos no es forzada, sino que promueve un diálogo sano que será beneficioso para su desarrollo y educación. La escuela o el instituto también son medios ideales para practicar la asertividad.
BibliografÃa:
Ballenato, G. (2007). Educar sin gritar (6ª Ed.). Madrid: La esfera de los libros.
Corbella, J. (2005). Una relació: pares i fills. Barcelona: Columna.

