Fecha: 30 de noviembre, 2009
Estudiosos posteriores hallaron que los monos de los experimentos mencionados tenían focos de ataques en los núcleos fastigiales y en el hipocampo. Más tarde se vio que la estimulación eléctrica del vermis en seres humanos disminuía la frecuencia de ataques favoreciendo la salud mental en un pequeño número de pacientes con trastornos neuropsiquiátricos sin tratamiento farmacológico conocido. Esto indujo a pensar si no producirían los malos tratos anomalías en el vermis con consiguientes síntomas psiquiátricos, irritabilidad límbica y degeneración del hipocampo.
Una técnica de representación del funcionamiento cerebral basada en las imágenes de resonancia magnética permitió observar sin trazadores radiactivos ni otros contrastes cómo fluye la sangre por distintas regiones cerebrales en estado de reposo. Se encontró una notable correlación entre la actividad del vermis y el grado de irritabilidad límbica indicado por respuestas al cuestionario ELT de personas jóvenes, adultas y sanas y un grupo experimental de jóvenes adultos que habían sufrido repetidos abusos sexuales. El total de sangre en el vermis era claramente menor en el grupo experimental, indicando un posible deterioro funcional que le impediría activarse lo suficiente para aminorar la irritabilidad límbica.
Teicher concluye que la reducida integración de los dos hemisferios y el menor tamaño del cuerpo calloso tal vez predispongan a los pacientes con trastorno de la personalidad esquizoide a pasar bruscamente de un estado dominado por un hemisferio a uno dominado por el otro, con percepciones emocionales y recuerdos muy diferentes. Además, la irritabilidad límbica pueda irritabilidad límbica puede producir síntomas de agresividad, exasperación y ansiedad. También se observa un EEG temporal anormal en personas proclives al suicidio o al comportamiento autodestructivo.
Todo esto, que parece razonablemente confirmado, ha de tener consecuencias enormes en el terreno clínico, al probar ineficaces los tratamientos de psicoterapia y de sugestión, y en el terreno moral, al presentarnos con toda su crudeza el daño infligido a los niños maltratados, que ya no es un daño más o menos fácilmente reversible, sino un daño neurológico permanente.

