Fecha: 15 de diciembre, 2009
Durante este período de los siete a los once años persisten las grandes estructuras emocionales y los grupos de emociones: cólera, temor, alegría, tristeza, etc., incluso alguna emoción concreta de etapas anteriores permanecen aún, como los miedos.
No obstante, el factor maduración influye en el desarrollo emocional del niño.
En este sentido:
En el desarrollo emocional y social conviene tener en cuenta lo siguiente:
Los sentimientos. El niño que ya anteriormente comenzó una gradual independencia de los padres, continúa en este periodo avanzando en ella.
La amistad. La amistad en la infancia a menudo es intensa, de evolución rápida, pero puede ser de corta duración. En el contexto de las amistades que comparte el niño aprende conceptos, reglas y destrezas sociales, y a través de ellas desarrolla la autoestima. Los niños que tienen amigos pueden satisfacer diferentes necesidades en el otro, tales como la dominación contra la sumisión. La autorrevelación, el abrirse el uno al otro, es más común en las amistades de las niñas que en las de los niños.
En la última etapa de la infancia el grupo de compañeros se vuelve común. Este grupo de compañeros es relativamente estable, sus miembros tienen normas y valores comunes, pero al crecer los niños, esos grupos se vuelven más formales y estrictamente divididos por sexos. La conformidad con el grupo y la pertenencia a el se vuelve importante, lo que hace que los niños se organicen espontáneamente en jerarquías. Cuando hay competencia entre grupos sus miembros desarrollan sentimientos de aceptación y afecto hacia los miembros del grupo y de hostilidad hacia los contrarios.
Aspectos sociales. En este periodo el niño empieza a hacer su entrada en el amplio aprendizaje para la vida. De los 7 a los 11 años el niño debe olvidar algunos de sus deseos para adaptarse a las leyes del grupo y aceptar la utilización de reglas sociales y de convivencia.
Debe empezar a conseguir la obtención de reconocimientos y premios mediante la consecución de logros, haciendo cosas útiles y necesarias para él y para su entorno, es decir, siendo “productivo”. Tiene que aprender que el ser humano es un ser de acción, que tiene que hacer cosas para lograr objetivos, que serán los que le proporcionen el reconocimiento, la valía y la seguridad en sí mismo.
El niño de este periodo se adapta a este nuevo mundo aceptando las leyes, los límites y las reglas sociales, y va comprendiendo que para iniciar y terminar una actividad hay que ir sustituyendo progresivamente los deseos y los caprichos personales por la acción y el esfuerzo dirigido a conseguir objetivos útiles.
En este período el mundo escolar cobra gran importancia: es una cultura, un cosmos en sí mismo, con sus logros, sus desencantos, sus metas y sus límites.
El peligro en este periodo evolutivo consiste en el sentimiento de inadecuación e inferioridad que pueda surgir en el niño; si desespera o desconfía de sus propias habilidades o de sus capacidades por no obtener resultados satisfactorios y rápidos, puede renunciar al aprendizaje o a la relación con los demás.
En este momento toma importancia el mundo social puesto que el niño debe hacer cosas junto a los demás, comienza a establecerse la división del trabajo y la diferencia de oportunidades.
El niño va desarrollando su identidad en comparación con los otros. Todo esto desencadena un mayor respeto mutuo y un avance en la comprensión de las razones y motivos de los otros, lo cual lleva consigo un cambio drástico en la moral, especialmente en lo que se refiere a la noción de justicia y empatía. Aparece una visión muy crítica de la vida y de los adultos.
Del mismo modo que el conocimiento de los niños cambia a medida que estos maduran, también sucede lo mismo con su pensamiento y con la comprensión del mundo social. Es en el periodo de seis a doce años cuando los niños deben aprender a manejar las complejidades de la amistad, la justicia, las reglas, los límites, las normas sociales, las convenciones relacionadas con los roles sexuales, la obediencia a la autoridad y la ley moral.
En este período de edad el desarrollo moral también experimenta avances importantes. Uno de los más importantes es la progresiva independencia que el niño hace de la autoridad moral, es decir, el niño va comenzando a regirse más por normas internas que por imposiciones del exterior.
El surgimiento, ya con más fuerza, del respeto mutuo va a permitir la aceptación y el mantenimiento de reglas, tanto en los juegos como en las relaciones con los otros. Por otra parte, su creciente capacidad de entendimiento de las diferentes situaciones y motivaciones que se producen en las relaciones interpersonales le permite comprender cómo las personas deben asumir la responsabilidad de las consecuencias de sus actos. Todos estos avances, propiciados por su desarrollo cognitivo y la ampliación de su mundo social, son los que permitirán al niño ir comprendiendo y adquiriendo una cierta amplitud de normas sociales y su cumplimiento.
Bibliografía:
Durán G., Agustín, y otros. 2004. Manual didáctico para la escuela de padres. Ed. Fundación para el Estudio, Prevención y Asistencia a las drogodependencias (FEPAD). Valencia.
Tierno Jiménez, Bernabé. (2004). Todo lo que necesitas saber para educar a tus hijos. Ed. De Bolsilo. Barcelona.

