Fecha: 25 de junio, 2009
La autoestima no se aumenta con las alabanzas
La alabanza no aumenta automáticamente la autoestima del individuo. Sí es verdad que la alabanza refuerza una autoestima ya existente o una experiencia con efecto positivo en la autoestima.
Además de alabar o elogiar hay que decir la verdad y los hijos aprenden a diferenciar cuándo un mensaje es verdadero o no. El valor de la alabanza y la credibilidad de la persona que emite el juicio disminuyen automáticamente cuando dicha alabanza no se merece.
Se sabe cuándo un niño posee una autoestima baja porque su comportamiento busca constantemente las alabanzas que refuercen sus virtudes ya que él no es capaz de hacerlo porque presta más atención a sus faltas o defectos. Este es el motivo por el que estos niños dependen de mensajes externos, de quien les rodea. Debemos conseguir que confíen más en ellos mismos, en sus propios sentimientos de satisfacción cuando logran algún éxito. Si realmente un niño busca la aprobación de los demás, de los padres, es bueno dársela pero sin exagerar como por desgracia se suele hacer, pensando que cuanto más enfaticemos nuestra aprobación, más feliz haremos al niño y eso en realidad, es engañarle.
Una estrategia a seguir muy frecuente y no difícil de poner en práctica es cuando un niño se acerca y nos pregunta si nos gusta el dibujo que ha hecho o si le ha quedado bien lo que ha pintado... En esta situación, debemos devolverle la pregunta y pedirle que nos diga su opinión sobre su actividad, si le gusta o no a él, cómo la ve. En caso de que su comentario o su percepción sea negativa habrá que preguntarle por qué, que razone y conseguir una explicación lo más racional y justa.
Antes hemos dicho que las alabanzas sirven para reforzar la satisfacción del niño sobre lo que ha hecho. Son más efectivas si van dirigidas a un niño que se siente bien y no cuando se siente mal. Por otro lado ya hemos dicho que no hay que hacer que el niño dependa demasiado de las alabanzas.
Si nos encontramos un niño demasiado crítico consigo mismo, hay que ayudarle a comprender por qué se produce esta situación. La respuesta la podemos encontrar en algo que se suele dar y es que sus expectativas y metas son demasiado altas y por tanto alejadas de la realidad (incluidas las expectativas de los padres) Los hijos deben aprender que es bueno ser autocrítico (sin exagerar) para mejorar el nivel de rendimiento.
Si la idea del hijo coincide con los comentarios que los padres hacen de él, se consigue que el hijo confíe más en el criterio del adulto, siempre y cuando el adulto haya sido sincero y se base en la realidad. Como conclusión podemos afirmar que los buenos padres (que también hacen juicios negativos) gozan de mucha credibilidad, no abusan de las alabanzas o las críticas y han aprendido a coincidir con los sentimientos de sus hijos.
Cuándo son más efectivas las alabanzas y las críticas
Si las utilizamos cuando el hijo las espera, conseguimos hacer lo que demos hacer como buenos padres. Cuando se desempeña el papel que el hijo espera conseguimos seguridad en éste último. Esta situación se puede dar cuando el hijo espera la aprobación de los padres ante un buen resultado escolar. En este caso hay que elogiar, pero no olvidemos que lo que más vale es la idea y la opinión que el propio chico tiene de su éxito. Al contrario tenemos una situación parecida cuando un niño sabe que ha hecho algo mal y no puede evitar que los adultos lo descubran; ahora el elogio pierde valor porque el juicio negativo ya se ha producido con antelación en la mente del niño.
Una actitud positiva no es lo mismo que una alabanza
Cuando decimos algo agradable a un niño no tiene por qué ser un juicio y por tanto no es una alabanza. Podemos comentar a los hijos algo bueno que ha ocurrido sin necesidad de que ellos hayan intervenido y sean los protagonistas. Se trata de compartir con los chicos los momentos buenos y manifestar, exteriorizar, las buenas sensaciones que un hecho (que directamente puede no tener nada que ver con ellos) puede suponer para los adultos.
Podemos decir cosas agradables sobre una característica personal favorable del niño y así se demuestra que uno no siempre tiene que hacer algo para merecer elogios. Sobre algo agradable que haya hecho el niño. Sobre algo bueno de uno mismo para mostrar que la autoestima positiva es buena; con esto estamos transmitiendo que es posible sentirse bien con uno mismo sin buscar la aprobación de los demás. Sobre otras personas para demostrar que es positivo tener buenos sentimientos hacia ellas y es una forma de demostrar cómo hay que valorar a los demás. Sobre cualquier hecho, acontecimiento y mostrar así que uno se siente bien por algo (un nuevo día, un fin de semana, la comida de cada día, etc.) Sobre un árbol, una puesta de sol, un paisaje para demostrar que es bueno obtener satisfacción de las experiencias cotidianas.
En definitiva, decir cosas agradables demuestra que se tiene una actitud positiva, muy necesaria para todos y más en las relaciones entre padres e hijos.
Hay que destacar las virtudes
Muchos no son capaces de tener una autoestima alta porque no son capaces de identificar sus puntos fuertes. Esto es debido a que nos fijamos en demasía en nuestros defectos y menos en las virtudes y esta actitud la reflejan los adultos con sus hijos.
En realidad, todos tenemos más virtudes de las que creemos. Si por virtud entendemos una cualidad que destaca por encima de lo habitual, es importante subrayar las virtudes de los hijos por encima de los defectos.
Debemos saber que un niño puede tener virtudes aunque cometa muchos errores. Si esto es así será más fácil definir a un niño cuando estamos hablando con otro adulto. Digo esto porque en el entorno escolar (por ejemplo), los padres pecan demasiado de aspectos negativos cuando tienen que hablar de las características de sus hijos a los maestros.
Ejemplos de virtudes que pueden destacarse en los niños en situaciones concretas son: la lealtad del niño cuando ha mentido para defender a un amigo; el valor del niño que por primera vez va al colegio aunque tenga miedo; la persistencia que demuestra un niño al subir a un árbol aunque se rompa los pantalones; la integridad que demuestra un niño cuando es falsamente acusado pese a contestar con descaro a un adulto...
Es difícil ver una virtud en un acto que también podría exigir un castigo. Cuando se comprende a los niños, aunque se les critique o castigue, el acontecimiento será recordado durante mucho tiempo.

