Fecha: 17 de febrero, 2009
La depresión es una situación afectiva de tristeza mayor en intensidad y duración que ocurre a una persona. Es un trastorno que puede aparecer en diferentes momentos de la vida tanto de los adultos como de los niños y adolescentes.
Aún llevando una vida normal y estable, los niños pueden encontrar dificultades para adaptarse a las responsabilidades, la exigencia de resultados y los cambios que conlleva el crecimiento. Al igual que los adultos, los niños también pueden deprimirse, sentir miedos, ansiedad, y sufrir estrés.
Los niños que viven con mucha tensión, que han experimentado una pérdida o que tienen problemas de atención, de conducta, aprendizaje, o aún problemas de salud mental, corren mayor riesgo de sufrir depresión.
No es lo mismo tener una depresión que sentirse desanimado. La depresión no siempre resulta evidente en los niños, aunque se manifiesta de diferentes maneras como:
El ritmo del sueño también se ve alterado, asà como los hábitos alimentarios. Estas manifestaciones pueden aparecer sin motivos aparentes que lo justifiquen y ser persistentes en el tiempo.
Se habla de depresión mayor, cuando los sÃntomas son mayores de 2 semanas, y de trastorno distÃmico, cuando estos sÃntomas pasan de un mes.
La depresión puede ocasionarse por factores biológicos, psicológicos (pensamientos negativos erróneos, emocionales), sociales y culturales.
La adolescencia supone un periodo de cambios para los jóvenes y puede ser un momento de riesgo para la depresión, siendo reflejo de ese proceso de transformación. En las chicas por ejemplo, puede atribuirse a factores hormonales, la no aceptación de la imagen corporal, etc.
La depresión infantil y juvenil precisa de apoyo profesional especializado y un tratamiento personalizado. A partir de un diagnóstico inicial hecho por un profesional de la salud, se determinará en su caso la conveniencia del tratamiento más adecuado. La propuesta de intervención clÃnica contempla la psicoterapia, tanto individual como con la participación de la familia. En algunos casos esta intervención será un complemento necesario, que vendrá a apoyar al tratamiento farmacológico adecuado a cada niño.
Los padres pueden transmitir esperanza e ilusión, hacerle ver que hay todo un futuro por construir y que él puede desempeñar un papel activo en ese proceso.
BibliografÃa:
Ballenato, G. (2007). Educar sin gritar (6ª Ed.). Madrid: La esfera de los libros.

