Fecha: 22 de junio, 2009
Una de las primeras condiciones para crear una buena relación niños-comida es la paciencia. Las prisas y la obligación son enemigos de los buenos hábitos alimentarios. Los padres deben mostrar una actitud saludable y positiva hacia la comida considerando todos los aspectos que en ella confluyen: en el supermercado, en la cocina, sentados en la mesa, etc.
Es muy importante que el mundo de la comida esté rodeado de estÃmulos agradables y positivos. No es recomendable que mientras se come se hable de problemas o se discuta.
Tampoco la comida se utilizará como premio o castigo ni para tranquilizar al niño. La comida es un fin en sà misma por lo tanto no puede ser un medio para conseguir cosas ni tampoco para que los padres estén contentos.
Si el niño atribuye a la comida un valor emocional podemos terminar teniendo una mala relación con los alimentos. Asà mismo si los padres convierten al niño en un “pinche de cocina”, colaborando en tareas adecuadas a su edad, y le piden que acuda con ellos al supermercado metiendo algunas cosas en la cesta o ayudando en el menú semanal harán más positivo el mundo de los alimentos y conseguirán una buena relación con ellos.
Es aconsejable que el niño se sienta en la mesa con la familia cuanto antes y respete el horario de comidas. La rutina tranquiliza al niño y le da seguridad. Aquà mostramos un ritual orientativo que seguro más de uno conoce y pone en práctica o ha puesto más de una vez:
Antes de la comida
Después de la comida
Los padres deben enseñar a los hijos que comer es un auténtico placer. Sin traumas, sin precipitar las cosas. La buena nutrición empieza por disfrutar en la mesa, todos juntos, sin dramas, sin broncas ni chantajes, intentando que esos ratos que la familia se reune sean de verdadera armonÃa y agradable conversación. No hacer una tragedia por que quieran mezclar el plátano con foie-gras.

