Fecha: 25 de febrero, 2009
La sociedad va avanzando día a día, los pequeños cambios se suceden generando nuevos cambios y matizando el contexto en que vivimos. Cambia el trabajo y la forma de trabajar, cambia la ropa, cambian las modas, cambian los gustos cambian los pensamientos, incluso cambian los estilos educativos.
Actualmente, la sociedad del bienestar en la que vivimos nos ha acostumbrado, y sobre todo a los niños en edad escolar y adolescentes a tener todo aquello que desean sin tener que esforzarse para ello; muchos padres y abuelos quieren ofrecerles a sus hijos/nietos todo aquello que ellos no pudieron tener cuando eran niños, sin darse cuenta que esto acaba siendo contraproducente.
Los niños ya no conocen el significado del no, se han acostumbrado a controlarlo todo y en el momento en que se les plantea una situación en la que no pueden obtener los resultados que desean no son capaces de tolerar la frustración y se angustian.
Paralelamente a esta sobreprotección, su entorno cada vez más competitivo, les exige cada vez más. Se encuentran con notables exigencias académicas y en la adolescencia se añade la presión por el consumo de drogas, enfermedades de transmisión sexual, etc.
El problema es que la solución no es sencilla, debería cambiar toda la sociedad y esto requiere tiempo. Pero desde casa se puede aportar un pequeño grano de arena, es necesario que los padres enseñen a los niños desde que están en la escuela el valor de las cosas, a esperar las recompensas y a tolerar la frustración comprándole las cosas cuándo realmente le hagan falta, en fechas señaladas o como recompensa por una buena conducta. Por otro lado, a través de los juegos debe ver que no siempre se gana, no pasa nada por dejarlo perder.
Los más seguro es que el niño se comparará con los demás compañeros del colegio, del parque o del barrio, pero es papel de los padres y educadores dejar claro que en cada casa el funcionamiento es distinto y que esta familia funciona así.

