Fecha: 25 de junio, 2009
El miedo es un fenómeno psicológico que nos da la noción de peligro. Es algo normal, con una función adaptativa que tanto en el niño como en el adulto supone una reacción emocional ante situaciones “peligrosas”. Estas situaciones pueden ser reales o imaginarias.
Cuando el miedo se convierte en patología es porque ha superado el grado de normalidad y se acompaña por otro tipo de alteraciones como son ansiedades, estados depresivos, obsesivos o fobias. No podemos negar que el miedo es un sentimiento desagradable del que no es fácil conocer su origen.
En los niños vemos más claramente las distintas variantes del miedo: el lactante que llora porque no quiere quedarse solo; el miedo a las “brujas o monstruos”, y otras más evidentes como el miedo a un perro que les puede morder, o a una simple mosca.
El miedo tiene un sentido biológico que protege al hombre de un peligro y debe reaccionar este mecanismo automáticamente y sin experiencia previa. Algunos investigadores consideran el miedo a la oscuridad una reacción innata pero casi siempre son factores externos y sobre todo la influencia educativa quienes aportan el mayor peso a la hora de predisponer a la persona al miedo.
En su forma original el miedo es un mecanismo natural de protección que aparece ante una señal de peligro. Según los estímulos y la pusilanimidad del individuo puede funcionar de forma suave o fuerte. La sensación experimental produce un estado de tensión interior que se acompaña de reacciones corporales como las que nos apunta Jorge García en su artículo sobre la “Función del Miedo”:
Pero debemos tener en cuenta que frente a la pusilanimidad existe otra característica muy unida al origen del miedo: La fantasía. La simple imaginación de algún hecho amenazante bastaría para darnos miedo. Veamos un ejemplo: a algunos niños les basta imaginarse que un perro pudiera morderles para tener miedo a los perros. Incluso la lectura de un cuento puede desencadenar el miedo. Entonces, ¿qué hacemos?:
Esta segunda opción es la más adecuada y con este comportamiento alejaremos a los niños de un estado exagerado ante el miedo. Debemos intentar “dialogar” con el miedo y descubrir cómo influye en nuestra vida. Toda persona es un ser único y “sus miedos” también lo son. Aún así podemos agrupar “miedos típicos” para afrontarlos mejor. Este agrupamiento lo podemos hacer según la edad que nos facilitará más su identificación.
BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA CON EL TEMA:
ARND STEIN: “Mi hijo tiene miedo” Plaza & Janés. Barcelona, 1988
FRANCISCO XAVIER MÉNDEZ: “Miedos y temores en la infancia”. Ayudar a los niños a superarlos. Pirámide.
FANNY JOLY: “¿Quién tiene miedo al lobo?” Anaya Infantil y Juvenil
JOSÉ OLIVARES: “El niño con miedo a hablar” Ediciones Pirámide
FANNY JOLY: “¿Quién tiene miedo a la tormenta?” Anaya Infantil y Juveni
BONIFACIO SANDÍN: “Ansiedad, miedos y fobias en niños y adolescentes” Dykinson
CHIARA CARRER: “¡Qué miedoso!”

