
La asertividad es la habilidad de expresar opiniones y sentimientos honestos defendiendo los derechos e intereses propios y de los demás, y de actuar en base a ellos, sin sentir angustia por ello.
La asertividad implicaría, a nivel verbal, la capacidad de iniciar y mantener una conversación, expresar la propia opinión, decir “no” en determinadas situaciones y hacer peticiones, manteniendo los propios derechos.
A nivel no verbal, la asertividad consistiría en el uso adecuado de la mirada, de la expresión facial en general, de la postura y distancia física, del uso comunicativo de las manos, y del tono verbal.
Los niños asertivos no evitan los conflictos cediendo ante los demás, sino que mantienen sus creencias, aunque para ello deban ser presionados o molestados por sus compañeros. No les hace falta justificarse o convencer a los demás
Aunque se mantengan fieles a sus ideas, los niños asertivos aceptan sus errores sin sentirse culpables por ello, sino que son capaces de rectificar y adaptar sus opiniones a los nuevos razonamientos.
Cuando hay un conflicto lo afrontan sin miedo a que les digan algo mal sobre ellos mismos, al contrario, quieren saber qué han hecho ellos para provocar el conflicto, y buscan soluciones que ellos creen justas para que beneficien a los implicados.
Durante la vida cotidiana los niños asertivos suelen ser los que inician el acercamiento para entrar en juegos o hacer nuevos amigos, a la vez que suelen ser los que llevan la iniciativa en las conversaciones interesándose por las demás opiniones y aportando sus propias ideas.
Los niños asertivos en sus relaciones cotidianas suelen buscar la proximidad física mediante acercamientos, buen contacto visual, expresiones faciales afables, además de escuchar y valorar las opiniones de los demás.
La conducta asertiva es beneficiosa para el desarrollo cognitivo y emocional del niño. Puesto que mediante la conducta asertiva el niño aprende a defender sus propios intereses y a tener en cuenta y respetar los de los demás.
Los niños con una conducta agresiva (defensiva) o pasiva (evitativa) suelen tener dificultades en las relaciones sociales y problemas emocionales como baja autoestima o ansiedad. Los niños no asertivos no aprenden a negociar y a defender sus intereses entendiendo y respetando los de los demás.
En casa se encuentra el contexto ideal para estimular la asertividad. Conviene dedicar tiempo a conversar con nuestros hijos, mostrarle que existen distintos puntos de vista y que a menudo no hay posiciones correctas o incorrectas, sino que dependen de un sinfín de aspectos.
En la medida en que creáis que lo pueda entender explicadle que debe defender su punto de vista, que debe ser coherente con él, pero que no debe dejar de escuchar a los demás, puesto que las verdades nunca son absolutas y no siempre tenemos razón nosotros.
La asertividad se estimula aprendiéndola y practicándola. Enseñemos a los niños el significado y las ventajas de comunicarse de manera asertiva, y promovamos situaciones donde la practiquen.
Otra manera potente de estimular la asertividad es mediante la observación de modelos que actúan de manera asertiva. De ahí la importancia de que en casa, puesto que es en este contexto donde podrá poner en práctica su asertividad de forma relajada y segura.


