
La atención es la capacidad que tiene el niño de enfocarse en una actividad o elemento ignorando otros que lo puedan distraer.
La concentración está directamente relacionada con la atención, ya que la concentración es el mantenimiento de la atención durante un período determinado de tiempo. Esto hace que regularmente se traten de manera conjunta.
A lo largo de la infancia es posible observar cómo cambia y mejora la capacidad de mantener la atención de los niños.
A medida que los niños crecen son más capaces de seleccionar y procesar la información que necesitan para llevar a cabo sus actividades y planificar adecuadamente las tareas.
Los padres pueden observar la atención en los niños, cuando estos se fijan o están atentos de manera voluntaria hacia algo que les interesa (por ejemplo, los dibujos animados o los videojuegos), y también es posible verla cuando los niños llevan a cabo sus tareas de forma automatizada, como lavarse los dientes, vestirse, entre otras, claro que para esto suceda primero debe estar instaurado el hábito).
Ahora bien, es importante mencionar que los niños no tienen la misma capacidad de atención que los adultos, por esto es muy común que se distraigan con mayor facilidad afectado su concentración. Esto es producto de su etapa de desarrollo.
Además, los niños, al no regirse por motivaciones elaboradas e intangibles como los adultos, necesitan desarrollar su capacidad de mantener la atención para llevar a cabo las distintas actividades del día a día, tanto las escolares como las de juego y rutinas familiares.
Las actividades del día a día y los momentos cotidianos, son siempre una buena ocasión para mejorar las distintas capacidades que tiene un niño en relación a la habilidad de la atención. Por ejemplo, cuando un niño juega, debe estar atento para saber si es su turno o saber cuál ha sido la tirada de sus contrincantes y para poder planificar la suya.
Cada oportunidad que nos ofrece la vida cotidiana nos permite involucrarnos para ayudar a los niños a que aprendan a focalizar y concentrarse en las tareas diarias que están realizando en pro del aprendizaje y de su desarrollo. Otro ejemplo en el que se observa la necesidad de atención en la vida cotidiana del niño es a la hora de realizar sus deberes escolares, ya que necesitan concentrarse para resolver correctamente los ejercicios, a la vez que ponen en práctica su capacidad de atención, al hacer caso omiso de un hermano viendo la televisión o de los ruidos en la calle.
La conducta es un tema fundamental en el desarrollo las habilidades de los niños, ya que para mantener la atención y concentración de forma eficaz es necesario que el niño tenga una conducta adecuada y adquiera ciertos hábitos de conducta tanto en casa como en el colegio. Por esto, será comúnmente más difícil que un niño que desobedece sistemáticamente o un niño que le cuesta permanecer quieto, esté atento a un estímulo que le disgusta, pero que es necesario para su desarrollo o para la convivencia familiar y escolar.
Para desarrollar las habilidades es imprescindible entonces que los niños hayan adquirido hábitos de conducta apropiados que nos ayuden a potenciar su desarrollo y mejorar la atención. Algunas pautas de conducta nos pueden ayudar a fomentar buenos hábitos de conducta.
Existen distintos caminos y acciones para estimular y mejorar la atención en los niños. Los padres pueden tener un rol protagonista para potenciar el desarrollo de la capacidad de atención y concentración de sus hijos mediante distintas actividades lúdicas y de la vida cotidiana, que a la vez permitan compartir a padres e hijos un espacio de diversión.
La utilización del espacio lúdico es un escenario excelente para aportar la motivación necesaria a los niños para que apliquen los aprendizajes adquiridos en un espacio de diversión. Sólo hay que atreverse a descubrir lo fácil que es.


