
El autocontrol se refiere a la capacidad de permítelos niños a distinguir las emociones y sentimientos y decidir como expresarlos y canalizarlos.
Los niños con un buen autocontrol han desarrollado la habilidad de expresar adecuadamente los sentimientos que son importantes para ellos, y a manejar y moderar de manera positiva aquellas emociones negativas que no pueden exteriorizar.
En general, los efectos del autocontrol se traducen en beneficio personal y social. La persona puede identificar, gestionar las emociones en sí mismo y en los demás, comprenderlas y expresarlas. Así mismo, los demás están más dispuestos a compartir ideas y abiertos a escuchar, las relaciones son menos conflictivas y más positivas.
El autocontrol es una capacidad que tienen todos los niños en mayor o menor medida. Esta capacidad a veces puede ser innata, pero también se puede desarrollar.
Inicialmente los niños responden de manera intuitiva y reactiva a sus emociones mientras van desarrollando su capacidad de autocontrol. Por ejemplo, ante una situación frustrante pueden confundir las emociones y expresarse o llorando o dando un portazo lo mismo cuando están tristes o enfadados. Cuando son mayores y aprenden a identificar sus sentimientos, a entender las situaciones sociales y una adecuada manera de expresarse, desarrollan mayor autocontrol.
El autocontrol se desarrolla en un proceso continuo en base al aumento de habilidades cognitivas y emocionales de los niños. El autocontrol les permite desenvolverse adecuadamente en la escuela, en casa y con sus amigos y familia.
Los niños se tienen que enfrentar cada día a numerosas situaciones que tienen que manejar y que exigen de ellos un comportamiento adecuado. La infancia está llena de momentos de frustración y de alegrías y los niños en su condición de niños se ven obligados a aceptarlas y conviene que aprendan a expresar sus emociones de manera adecuada. Se exige de ellos autocontrol y paciencia.
En muchas ocasiones, los niños no saben expresar exactamente sus deseos y necesidades y pueden tener problemas de autocontrol de las emociones. Por ejemplo, un niño que se ha quedado sin patio por alguna injusticia con seguridad se enfadará, pero no se le permitirá en ningún momento expresar la rabia golpeando o insultando a los compañeros, la actitud más adecuada sería la de mantener un buen autocontrol de las emociones y expresarse de manera adecuada contra lo que considera una injusticia.
Muchas conductas infantiles que molestan a los padres son fruto de un inadecuado autocontrol o de una incorrecta expresión de emociones. Algunos problemas de conducta del niño tienen su causa en problemas de autocontrol de la ira, la furia, la tristeza o la ansiedad.
No se trata de enseñarles a ocultar sus emociones, ni reprimirlas, si no de que aprendan a tranquilizarse ante un reto o frustración y que lo miren desde otra perspectiva y sean capaces de canalizar las emociones positivas y negativas. Para estimular el autocontrol en los niños los padres pueden ayudarlos a distinguir sus emociones y enseñarles maneras correctas de expresión, relajación y de vivir las experiencias actuando de forma distinta cuando experimentan estos sentimientos.
La idea es que aprendan por sí mismos a pensar y a actuar de forma diferente practicando autocontrol a través de juegos y actividades lúdicas y de la vida cotidiana que les permitan entrenar sus habilidades. Esto es, mediante la ayuda exterior de los padres al estimular el autocontrol los niños podrán mejorar su autocontrol interno.


