
La autoestima es la visión que cada niño tiene de su propio valor y capacidades. Este valor es fruto de una evaluación personal y subjetiva que hace el niño sobre la diferencia que existe entre cómo se ve a sí mismo ("yo real") y cómo le gustaría ser ("yo ideal").
El valor de la autoestima radica en la medida en que el niño valora sus características y aptitudes, cómo de satisfecho o insatisfecho, contento o descontento se siente respecto a como es.
La autoestima al tener un carácter personal se forma en función a las metas que se propone el niño y a la importancia que le da a determinados aspectos frente a otros.
En los niños en edad escolar hay distintas dimensiones de la autoestima:
Por ejemplo, una niña podría tener una alta autoestima “física” cuando se siente orgullosa de sus destrezas y habilidades corporales (aspecto que valora y en el que resulta ser competente), al mismo tiempo que una autoestima “escolar” no tan buena si sus logros académicos no son acordes con sus aspiraciones en este terreno.
Los aspectos que son relevantes en la autoestima de niños y niñas van cambiando con la edad. Generalmente, los niños desarrollan una autoestima más global cuando están en edad escolar, momento en el que son capaces de autoevaluarse de forma más imparcial e independiente de los diferentes aspectos de su vida. Los niños a esta edad se dan más cuenta de las cosas y son más objetivos que los niños mayores.
Así, un niño o niña en edad escolar podrá tener una autoestima global e ir diversificando sus capacidades y prioridades personales según sus intereses y aptitudes. Los niños llevan a cabo este proceso de manera natural de acuerdo con los reflejos que le van proporcionando las personas con las que convive, y las consecuencias de sus acciones.
La conducta adecuada o inadecuada de un niño conlleva reacciones en las personas que lo rodean, quienes a su vez brindan al niño una respuesta ante su conducta.
El niño a medida que crece recibirá las respuestas de su entorno a su forma de comportarse, modelando su autoestima y autoconcepto a positivo o negativo. Por tanto, adquirir una conducta y hábitos adecuados influirá en la autoestima de niño.
Los padres pueden ayudar a fomentar la conducta del niño mediante pautas educativas.
Así como los padres están interesados en que los niños desarrollen sus habilidades cognitivas y que aprendan los conceptos académicos, y que se desarrollen física y socialmente. Es importante tener en cuenta el desarrollo de las habilidades emocionales y de la autoestima en los niños, que les brindará confianza y seguridad en sí mismos, además de ser un regalo para toda la vida.
La autoestima en los niños se puede comenzar a estimular desde casa. Para lograr que los niños tengan una autoestima alta y saludable, es importante que los padres lo hagan de manera realista e individualizada a cada niño, sin engañarlo. Por ejemplo, no diciendo que dibuja genial y es un gran pintor, cuando en realidad lo hace en la media de acuerdo a su edad.
Los padres pueden hacer mucho para ayudar a potenciar la autoestima de sus hijos con el solo hecho de amarlos, respetarlos y aceptarlos como seres humanos únicos.


