
La creatividad es la capacidad de los niños para producir respuestas originales ante un problema. No es algo místico o mágico que solo unos pocos poseen, es una habilidad que está en todos y que puede ser desarrollada.
Durante el proceso de la creatividad, surgen nuevas ideas a partir de la interacción de ideas o conductas ya aprendidas con anterioridad. En este proceso, se ven las cosas de forma diferente y se encuentran soluciones adecuadas e innovadoras a problemas antiguos.
En el parvulario, todos los niños son artistas o inventores. No entienden de límites ni paradigmas. En general, los niños suelen tener la capacidad de imaginar y utilizar las cosas con las que se encuentran de manera original, por ejemplo, utilizar una servilleta de tela como un avión ultraligero.
Posteriormente de mayores los padres se quedan sorprendidos por la curiosidad de los niños, las preguntas y respuestas ágiles y frescas que tienen. Algunos padres tampoco logran comprender los juegos que inventan los niños con los que se entretienen y aprenden.
A lo largo de la infancia es posible observar como los niños manifiestan una gran capacidad lúdica y sentido del humor, incluso en relación al ambiente académico, mostrándose creativos en diversas situaciones.
¿Qué pasa después? Que se crean paradigmas y conceptos. La creatividad parece escasear porque se crean mitos sobre la creatividad, como si fuera una inspiración al alcance de unos pocos, lo cual condiciona la creatividad de los niños en detrimento.
En el colegio, en casa o en sus juegos los niños ejercitan su potencial creativo cada día.
La creatividad es necesaria porque les permite tener fluidez de ideas para resolver los problemas que se les presentan y buscar soluciones. Buscar soluciones no quiere decir que todas las ideas que tengan sean óptimas, es importante notar que muchas de éstas estarán equivocadas, lo cual también es parte del aprendizaje y del proceso creativo.
Los niños pueden aprender a utilizar sus capacidades de manera eficaz y a descubrir su creatividad a través de las actividades que realizan cada día.
La creatividad es una habilidad que está, sin excepción, al alcance de todos, pero siendo tan accesible a veces no fluye fácilmente.
Conviene equilibrar el tiempo de trabajo y el tiempo libre de los niños. Muchos momentos de ocio son ideales para generar ideas, sin embargo, dejar que deambulen por casa saltando de actividades tampoco es la mejor manera de estimular la creatividad. Las normas de conducta son importantes, pero también lo es la flexibilidad.
Para desarrollar las habilidades es imprescindible entonces que los niños hayan adquirido hábitos de conducta apropiados que nos ayuden a potenciar su desarrollo y mejorar la atención. Los padres pueden fomentar buenos hábitos de conducta mediante la utilización de pautas educativas.
El potencial creativo de muchas personas está prácticamente oxidado por culpa de una temprana y rígida educación. La creatividad no es una capacidad innata, se puede aprender y fomentar.
Los padres pueden estimular la creatividad de los niños a través de actividades lúdicas y de la vida cotidiana que fomenten y aprovechen las características de cada niño. Solo hay que atreverse a hacerlo para favorecer el proceso creativo y desarrollar lo mejor de ellos.


