
El lenguaje es la herramienta mediante la cual nos comunicamos ya sea de forma verbal, escrita o corporalmente.
El lenguaje es necesario para relacionarnos. Desde qué nacemos empleamos el lenguaje mediante la sonrisa, el llanto, etc. para expresar nuestras necesidades y comunicarnos.
Pero el lenguaje no solo sirve para comunicar, sino que es imprescindible para el aprendizaje de una persona. Ayuda a planificar y solucionar tareas e interviene en las demás habilidades cognitivas, como la percepción, el razonamiento y la memoria.
El lenguaje de los niños se puede analizar desde distintos puntos de vista: desde la forma (que son los elementos lingüísticos que conforman el lenguaje), el contenido (que es el mensaje que quiere transmitir) y el uso (que son las reglas sociales del lenguaje).
Durante la infancia el niño va desarrollando el lenguaje. Al nacer el niño inicia un proceso complejo y acelerado de adquisición del lenguaje, partiendo de una maduración física y cognitiva y de una intencionalidad de relacionarse con la gente que les rodea.
Normalmente, a partir de los 6 años el niño ya ha adquirido el lenguaje e inicia un nuevo proceso de refinamiento de este lenguaje, aprendiendo nuevas palabras más precisas y complejas, utilizando metáforas o sentidos figurados, prestando atención al contexto y al interlocutor.
A la vez, con la escolarización el niño aprende un nuevo sistema de comunicación, la lectura y la escritura.
El niño, como el adulto, necesita del lenguaje para relacionarse y expresar sus necesidades. Pero además el lenguaje le sirve para desarrollarse cognitiva y socialmente .
Es a través del lenguaje que el niño aprende. Durante el día a día el niño escucha y habla con los demás, con la maestra, con los padres, con los compañeros, etc. Mediante esta comunicación va adquiriendo los aprendizajes escolares y sociales que le permiten crecer y madurar.
El lenguaje es por sí mismo una conducta dirigida a relacionarse con el exterior, de modo que el lenguaje será un reflejo de esta relación.
Para poder estimular el lenguaje conviene que los padres trabajemos previamente la conducta del niño favoreciendo una actitud positiva y orientada a la adquisición del lenguaje. Para desarrollar hábitos de conducta apropiados podemos ayudarnos de la utilización de pautas educativas.
La mejor forma de estimular el lenguaje es propiciando su uso y esclareciendo las dudas que aparezcan con la práctica. Así pues, los padres cumplimos un rol clave en el desarrollo de esta habilidad en los niños, pues contamos con los recursos para ayudarlos. Hablemos con ellos, escuchémoslos, hagamos preguntas y potenciemos la lectura.
Es mediante las actividades diarias y los momentos compartidos con ellos que podemos estimular el lenguaje.


