
La memoria es un proceso mental que permite a un niño almacenar y recuperar información que necesita para llevar a cabo alguna actividad.
La memoria es importante para favorecer el aprendizaje y el pensamiento de un niño, y se forma a través de las experiencias y estímulos sensoriales, a la vez que recibe la la influencia de su medio ambiente y cultura.
Durante la infancia, el pensamiento depende del conocimiento que tenga el niño sobre el mundo y de sus primeras experiencias. De manera que los conceptos que se memorizan en la niñez se apoyan, fundamentalmente, en experiencias sensoriales que tiene el niño (por ejemplo, cuando escucha o ve algo), y en la capacidad que tiene de procesar y codificar esta información. Este tipo de memoria más inmediata no cambia apenas con la edad.
En general, a medida que los niños tienen más edad, su capacidad para recordar aumenta con el tiempo, y son más capaces de retener información más compleja y durante más tiempo.
Con el desarrollo evolutivo de los niños, recordar pasa a ser consecuencia de pensar y de establecer relaciones lógicas entre los conceptos y sus experiencias. Con el tiempo, se recuerda más en función de lo que se piensa importante.
En la edad escolar, las estrategias de recuerdo de los niños se vuelven más complejas y aprenden a aplicarlas mejor y con mayor frecuencia que los niños pequeños, adaptándolas más eficazmente a sus necesidades.
Durante la infancia, el pensamiento depende del conocimiento que tenga el niño sobre el mundo y de sus primeras experiencias. De manera que los conceptos que se memorizan en la niñez se apoyan, fundamentalmente, en experiencias sensoriales que tiene el niño (por ejemplo, cuando escucha o ve algo), y en la capacidad que tiene de procesar y codificar esta información. Este tipo de memoria más inmediata no cambia apenas con la edad.
En general, a medida que los niños tienen más edad, su capacidad para recordar aumenta con el tiempo, y son más capaces de retener información más compleja y durante más tiempo.
Con el desarrollo evolutivo de los niños, recordar pasa a ser consecuencia de pensar y de establecer relaciones lógicas entre los conceptos y sus experiencias. Con el tiempo, se recuerda más en función de lo que se piensa importante.
En la edad escolar, las estrategias de recuerdo de los niños se vuelven más complejas y aprenden a aplicarlas mejor y con mayor frecuencia que los niños pequeños, adaptándolas más eficazmente a sus necesidades.
Los niños son capaces de utilizar otros medios como libros o videos. Los escolares más mayores y los adultos, aprovechan cualquier medio externo para recordar y además, se apoyan eficazmente en su lógica interna.
Los niños necesitan la memoria para llevar a cabo las distintas actividades del día a día, por ejemplo, para mantener y procesar la información relevante que necesitan en el momento de estudiar o jugar. Aunque su función no sólo es necesaria para recordar los temas de los exámenes, sino también es importante para adquirir los conocimientos necesarios para su desarrollo, tales como el lenguaje, el razonamiento, entre muchos otros procesos mentales.
Es importante que el niño aprenda a memorizar y a utilizar sus propios recursos. Si no es capaz de conectar con las huellas que dejó un aprendizaje adquirido anteriormente no podrá continuar con el proceso de nuevos aprendizajes. Un ejemplo sencillo de entender se encuentra en el ámbito de los estudios. Para entender el nuevo contenido que explica la maestra el niño deberá recuperar en su memoria los procedimientos y conceptos previos al tema en cuestión, y utilizarlos para desarrollar el tema y sacar provecho de él.
Otro caso lo encontramos a la hora del juego. El niño debe ser capaz de recordar las reglas del juego en todo momento, para saber si le toca tirar, si pierde su turno, etc.
La memoria es una función compleja relacionada con la atención, la percepción y otras funciones de los niños, que los hace capaces de adquirir experiencias, retenerlas y utilizarlas posteriormente, comprender el presente y dar sentido a la vida. De tal manera, es necesario que el niño tenga una conducta adecuada, que esté atento e motivado en los nuevos aprendizajes para poder mejorar la memoria de forma eficaz.
Esto es, podemos establecer una serie de pautas de conducta que nos permitan orientar las tareas educativas para lograr un mejor rendimiento en la memoria y por tanto un aprendizaje eficaz.
Aún cuando cada niño debe descubrir sus propias formas de aprender, podemos ofrecer a los niños participar de una manera activa en el proceso de mejorar la memoria, a la vez que ayudarle a descubrir maneras de organización que indudablemente mejoraran su aprendizaje.
Los padres pueden participar mediante distintas actividades lúdicas y de la vida cotidiana que estimulen la memoria de forma amena y entretenida, a la vez que permitan compartir a padres e hijos un espacio de aprendizaje y diversión.


