
La motivación es aquel estimulo que lleva al niño a emprender una acción y le permite aceptar el esfuerzo necesario para conseguir ese objetivo.
La motivación está compuesta de necesidades, deseos, tensiones, incomodidades y expectativas. Constituye un paso previo al aprendizaje y es el motor del mismo. También constituye un papel decisivo en el rendimiento, de tal manera que la ausencia de motivación hace complicada la tarea del aprendizaje de las personas.
La motivación es muy subjetiva y depende de factores internos de cada niño, como necesidades, aficiones y metas que lo empujan y atraen a llevar a cabo una actividad o a comportarse de determinada manera.
Cuando los niños son pequeños dan mucha importancia al refuerzo social de sus actividades, por ejemplo que su madre le diga que hace las cosas bien, que lo feliciten delante de sus compañeros; y prestan más atención a la valoración que reciben de los adultos que a cualquier otra calificación de sus logros, como notas escolares, premios o copas de deporte.
A medida que crecen y se enfrentan a otros retos, el refuerzo social sigue siendo importante, pero también consideran otros resultados que creen que son información evaluativa de su actuación o su conducta, como por ejemplo, notas, gestos y otras respuestas de los adultos. Aunque también su motivación puede llegar a acercarse a una motivación más personal como la que tienen los adolescentes o los adultos, por ejemplo, hacer las cosas porque les gusta, o practicar un deporte para adquirir mayor habilidad.
Por ejemplo, un niño puede estudiar para un examen con el objetivo de sacar buenas notas, o aprobar justito, dependiendo de varios factores internos (sus propias capacidades reales y percibidas del tema, aficiones personales) y externos (si considera el tema importante, el profesor lo valora positivamente, quiere ganar un premio por sus notas, etc.). También puede estudiar simplemente por que le gusta.
Son varios los factores que influyen en la motivación de los niños, entre ellos encontramos las metas que persiguen en el día a día y la importancia que les dan, la solidez de su esfuerzo para lograrlas, la importancia de sus expectativas, la influencia del entorno social del niño y de la interacción con compañeros, profesores y padres, y los modos de pensar que adquiere al afrontar sus metas.
Así, por ejemplo, si un niño valora que su padre lo vaya a ver en el partido de fútbol del fin de semana, probablemente se esforzará en hacerlo bien, ya que estará motivado para demostrar lo bien que lo puede hacer en el fútbol. Por un lado, le gusta mucho el deporte y por el otro recibe atención y admiración del padre.
En cambio, la falta de interés en asimilar contenidos escolares es bastante frecuente y se manifiesta en poca atención y entusiasmo para aprender. Muchos niños, aunque sus padres se empeñen en que no lo hagan, dirigen sus esfuerzos a conseguir aprobar una asignatura más que a adquirir los conocimientos que van a necesitar.
Otros niños, realizan sus tareas de aprendizaje porque disfrutan haciéndolo y porque les llena, sin importarles el tiempo que necesitan dedicar a estas actividades. Su motivación es debido a que llevar a cabo esa actividad es en sí misma una experiencia gratificante.
Los motivos por lo que obran los niños es comprender porqué se comportan de determinada manera. Cualquier conducta humana está bajo motivaciones internas (preferencias, gustos, actitudes) o externas (que tienen que ver con el medio social), que determinan llevar a cabo algo o no. De ahí que la conducta de un niño esté en función de sus condiciones personales y de las de su ambiente.
Los padres pueden ayudar a dirigir la conducta de los niños mediante pautas educativas que les permitan influir de manera externa e interna en su motivación e instaurar buenos hábitos.
Existen muchas maneras de estimular la motivación de los niños, en general, es algo que muchos padres hacen sin darse cuenta. Sin embargo, lo podemos hacer utilizando creatividad e ingenio en función de las condiciones personales de los niños y de las del ambiente.
Para que los niños se motiven con algo, es importante que lo vean como una oportunidad para experimentar de lo que son capaces de hacer, pero sin sentirse agobiados o juzgados, ni con ansiedad o aburrición. Si uno está de acuerdo con lo que hace, lo hará mejor que si se siente obligado.


