
Cuando un objeto se presenta a una persona se ponen en juego dos aspectos que se dan casi a la vez, y que se implican mutuamente: la sensación y la percepción.
La sensación es una impresión que se produce en el cerebro gracias a la excitación causada por un estímulo proveniente del mundo exterior e interior. Sin embargo, la simple respuesta a las sensaciones no es suficiente para identificar el objeto y formarse una idea de él, para esto es necesaria la percepción.
La percepción es la función cognitiva que nos permite, elaborar e interpretar toda la información proveniente de nuestro entorno y que se recibe a través de los sentidos.
Estas definiciones pueden ayudar a reflexionar sobre el proceso que sigue el niño en su desarrollo, pero en la práctica es difícil separar ambos conceptos, porque si es a través de la sensación que los objetos son dados, a través de la percepción, los objetos son reconocidos.
La percepción de un niño ya está organizada y estructurada desde el momento de nacer y ello afectará o determinará la manera en que perciba los estímulos del entorno o de su campo de percepción.
La percepción de los niños no se ejerce sobre elementos aislados del entorno, sino sobre un conjunto de elementos que alcanza a percibir. Estos elementos normalmente están en constante cambio, por lo que su percepción cambia también.
Cada niño tiene diferentes habilidades perceptivas y éstas influyen en su forma de actuar y aprender. Así pues podemos ver la influencia de las diferencias de la percepción en cada niño en los diferentes estilos de aprendizaje, puesto que existen diferencias en la forma de percibir y procesar la información. Por ejemplo, si preguntamos a varios niños lo que han entendido después de una explicación, nos daremos cuenta que cada uno resalta un aspecto diferente de la situación explicada, cada uno desde su punto de vista, debido a las diferencias de procesamiento de la información y los canales de percepción usados (visual, auditivo y corporal).
Cada niño es único y particular, y pareciera que existen tantos modos de aprendizaje y procesamiento de la información como personas en el mundo. Sin embargo, en la comunicación humana y en el procesamiento de ella, pueden identificarse tres canales de información principales: el visual (todo lo que vemos), el auditivo (lo que oímos y el modo de cómo lo oímos), y el corporal o cinestésico (lo que nos trasmite nuestro cuerpo, el sabor, el olor).
Los niños tienen distintas formas de percibir durante el día a día. Hay niños que tienen una mayor percepción visual, de modo que prestan mayor atención a las imágenes, obteniendo mayor información de éstas (en el ámbito escolar se trasladaría a los niños que cuando les preguntas un dato se acuerdan en qué posición del libro o del cuaderno se encontraba y les es de gran utilidad escribir y hacer esquemas para estudiar).
Otros niños tienen mayor percepción auditiva, se fijan más en qué se dice y cómo se dice (y en la escuela será el niño que recordará qué dijo la maestra, e incluso, en algunos casos podrá reproducirlo, y a la hora de estudiar les sirve repetir verbalmente el contenido).
Finalmente, tenemos los niños con mayor percepción corporal, son niños más sensibles al tacto, a los olores y a los sabores, además de las percepciones internas (son niños que para aprender les servirá la manipulación, la puesta en práctica de sus aprendizajes).
Por tanto, cada niño tiene sus habilidades y sus dificultades asociadas a la percepción, y conviene fijarnos y enseñarle desde su punto de vista.
La conducta juega un papel determinante en la percepción y en el proceso de aprendizaje. Si un niño no es capaz de mantener buenos hábitos de conducta, difícilmente podrá interpretar y razonar los estímulos que percibe del mundo exterior e interior. Incluso estos estímulos los podrá percibir de manera equivocada dando lugar a confusiones y errores.
Podemos ayudar al niño a través de ciertas pautas, a comportarse de manera adecuada y mejorar la atención.
Cada niño es un ser único y, por tanto, es necesario crear estrategias para estimular su percepción y sus habilidades cognitivas particulares. Con este objetivo, los padres pueden utilizar sus fortalezas y debilidades conscientemente en los procesos de aprendizaje del niño, y estimular la percepción del niño según sus habilidades.
A través de distintas actividades lúdicas y de la vida cotidiana, los padres pueden ayudar a los niños a estimular la percepción de forma amena y entretenida, y contribuir a que el niño tenga mayor consciencia de sus habilidades cognitivas.


