
Cuando el niño está nervioso o irritado activa una zona del cerebro denominada sistema simpático, que se encarga de aumentar la respiración, estimular el corazón, tensar los músculos, etc. Para lograr la relajación el niño debe realizar las acciones opuestas con el fin de activar el sistema parasimpático, que implica la parada del sistema simpático.
La relajación es, entonces, la capacidad que tiene el niño de controlar su tono muscular y aflojarlo a voluntad. Mediante la relajación el niño adquiere un mayor control sobre su cuerpo, aprende a destensar los músculos y ralentizar la respiración. Todo esto incide sobre su estado emocional y sus capacidades de atención y memoria, principalmente.
Contrariamente a lo que solemos imaginarnos, el estado de relajación no es un estado de adormecimiento, sino de calma. Es decir, que cuando los niños están relajados se potencia sus capacidades de pensar, razonar y actuar.
La relajación en los niños parte del mismo principio que en los adultos, pero se manifiesta de distinto modo. Para los niños relajarse es básicamente liberar la mente y ello lo pueden lograr mediante juegos u otras tareas activas, escuchando música o mirando la televisión y jugando a videojuegos.
La relajación en el niño se manifiesta en un aumento de energía y de capacidad de concentración. El niño relajado corre, trepa, salta, canta, etc., pero a la vez puede dedicar un mayor tiempo de calidad a los aprendizajes y tareas escolares.
Actualmente, les solemos exigir mucho a nuestros niños. La competitividad de nuestra sociedad se traslada a las demandas que hacemos a los niños. Pierden tiempo que antes dedicaban al juego para hacer los deberes y actividades extraescolares varias y eso comporta que aumenten los niveles de estrés..
Durante el día a día el niño aprovechará el espacio del recreo, el tiempo de juego y algunas actividades que le permitan divertirse a la vez que mantienen su cuerpo y mente entretenidos para relajarse.
La conducta es básica para la relajación. Es a partir de la conducta que el niño logrará relajarse y al revés, a partir de la relajación el niño podrá controlar su conducta. Es conveniente que los niños tengan unos hábitos de conducta que partan de unas normas claras, puesto que éstas favorecerán que el niño se sienta seguro y tranquilo aumentando su nivel de relajación. Los padres pueden ayudar a mejorar la conducta de los niños mediante pautas educativas.
Los niños tienen muchos recursos para relajarse, pero no son conscientes de ellos. Los niños suelen ver a sus padres como fuentes de seguridad y confianza, de modo que los padres podemos tener un papel importante para relajar a nuestros hijos. Escuchándoles, jugando con ellos, explicándoles historias, llevándolos a pasear, etc.
Los momentos cotidianos y los juegos nos servirán de herramienta para favorecer que nuestros hijos se relajen.
Para practicar la relajación con nuestros hijos es necesario enseñarles a respirar adecuadamente y a tensar y relajar los músculos. Una vez sepan hacerlo podremos proceder a llevar a cabo visualizaciones que permitirán al niño relajarse mientras imaginan situaciones placenteras.


