
La resolución de conflictos es una de las habilidades sociales que permite a los niños desarrollar nuevas estrategias sobre lo que pueden hacer delante de una situación social, en vez de lo que no se puede hacer. La resolución de conflictos ayuda a ver alternativas y brinda la oportunidad de practicar la manera de tomar decisiones más productiva y beneficiosa.
La resolución de conflictos es una habilidad no innata y su aprendizaje depende de la capacidad personal para llevar a cabo tareas. Por tanto, la resolución de conflictos depende de la maduración de cada persona y de las experiencias de aprendizaje que el entorno nos brinde, así como de las habilidades personales para adecuarse a las demandas del medio.
Los niños encuentran dificultades a la hora de imaginarse y representarse los problemas debido a la limitación de los conocimientos previos que poseen sobre ellos. Además, les cuesta deducir las consecuencias de una situación, y aprender adecuadamente la información que necesitan para solucionarlo.
La información que tengan los niños sobre el problema influye de manera directa en tratar de encontrar la solución correcta. Otra dificultad añadida a los niños es la falta de experiencia en problemas similares al que se les presenta actualmente.
En la resolución de conflictos en los niños podemos ver como se ponen en juego muchas variables importantes como son la identificación de emociones, la memoria, la capacidad de deducir conclusiones, la atención, etc. Así como los conocimientos previos y los adquiridos continuamente necesarios para resolver un tipo de dado de conflictos.
Todo conflicto produce como resultado un cambio que mejora o empeora la situación. La calidad del cambio depende de que tan adecuadas hayan sido las estrategias que haya tenido el niño y de sus habilidades para manejar los conflictos. Los niños se enfrentan a esto cada día, ya sea para solucionar un conflicto en el patio con un compañero o en casa con un hermano.
El proceso de resolución de conflictos se realiza en muchas ocasiones sin que los niños se den cuenta, ya sea porque han resuelto el problema con buenas consecuencias, o bien, debido a su edad no prestan importancia ya que se distraen u olvidan el problema. Por otra parte, otros son más molestos e interfieren y repercuten en su vida o la de sus compañeros.
Los niños que han adquirido y practican la habilidad de resolución de conflictos, son más capaces de trabajar y jugar con otros, lo que influye de manera positiva en muchos aspectos de su vida como son autoestima, la creatividad y el autocontrol. Por ello es importante que enseñemos a los niños el proceso de resolución de conflictos.
Los conflictos son parte de la vida y cuando se manejan de manera adecuada producen la mayoría de las veces resultados positivos y satisfactorios para todos los involucrados. Sin embargo, la resolución de conflictos se ve muchas veces interferida por una conducta inadecuada del niño, baja tolerancia a la frustración o falta de estrategias de resolución de conflictos, que no le permite resolverlos o buscar alternativas o ayudas para hacerlo.
Los padres pueden ayudar a los niños a mejorar su conducta y actitud mediante pautas educativas que potencien la resolución de conflictos.
Los padres pueden ayudar a estimular la resolución de conflictos en los niños facilitándoles la identificación del proceso y los elementos propios del conflicto a resolver. Esto también permite que puedan acudir a ayudas externas cuando lo necesiten.
Esto último sin embargo no significa que se pueda enseñar a los niños de diversas edades a resolver cualquier tipo de problemas dado que la resolución de problemas en parte depende de procesos madurativos, por ejemplo de la memoria, atención, etc.


